Fragmento de la Charla de Pilar Sordo Valdivia: Cómo escapar del estrés y tener una vida más feliz

Yo siempre cuento la historia de un hombre, de Jaime, una persona ciega que me fue a ver a la consulta hace un par de años atrás, y que yo producto de una depresión que él tenía, le pido que me anote todas las cosas buenas que le pasaban en el día. Él tenía un asistente que le pasaba sus anotaciones del braille al alfabeto de nosotros, así es que técnicamente la podía hacer. 

Cuando él se va, empiezo a revisar la sesión, y en la omnipotencia de los que no somos discapacitados físicos, pero somos discapacitados del alma, que es harto peor, (porque la única diferencia entre su discapacidad y la mía es que la de él se ve, y yo hago lo posible porque la mía no se note), dije: no va a ser capaz de hacer la tarea. Está muy mal, tiene 40 años, está ciego, lo acaban de despedir del trabajo. No debí haberle dado una tarea tan rápido. 

A la semana siguiente, Jaime volvió a la consulta, y yo partí la sesión pidiéndole disculpas: Jaime, perdona, en realidad no debería haberte dado esta tarea porque para ti es casi imposible hacerla en tan poco tiempo… Y él me para y me dice: yo la tarea la hice. Se para y me muestra un maletín donde estaba la tarea. Lo abro y saco cuatro cuadernos empastados… Yo, chora todavía, le pregunto: ¿y esto qué es? “La tarea”, responde él. Entonces creo que está más grave de lo que pensaba: en 20 años de profesión, nunca nadie me había escrito cuatro cuadernos empastados de cosas buenas. “Ahora me siento mucho mejor”, me dijo. Y esa fue la única sesión a la que fue; no volvió nunca más.

Ahora, hablamos una vez al año, y conversamos sobre su caso, el tratamiento más corto que he hecho en mi vida… Agarré uno de los cuadernos y me puse a leerlo. Llevaba dos hojas y me largo a llorar con hipo. Entonces él se asusta y me pregunta qué me pasa. Y yo le digo: lo que pasa es que yo estoy más deprimida que tú, y no me había dado cuenta. ¿Por qué? Porque yo no veo nada de lo que tú ves, y se supone que tú no ves, y yo sí. Esto es el mundo al revés, no entiendo nada. 

Era increíble la cantidad de cosas maravillosas que ese hombre logró registrar, y la tremenda lección de vida que me dio a mí: la temperatura de la ducha en la mañana. La maravilla de secarse con una toalla seca. El poder meterse en una cama con sábanas limpias. La satisfacción exquisita de meterse a una cama con un pijama recién lavado. La textura de la salsa de tomate al almuerzo. La carcajada de un niño a la distancia. La gentileza de una cajera en el supermercado. Las chispitas de una coca-cola pegándome en la nariz. El sol pegándome en la cara cuando camino. El olor a pan tostado en la mañana. 

Fragmento de la Charla de Pilar Sordo Valdivia: Cómo escapar del estrés y tener una vida más felizCosas que todas y todos los que estamos aquí vivimos todos los días, pero como estamos más ciegos que Jaime, no vemos nada de ninguna de esas cosas, porque estamos todos encerrados en esta sociedad que nos enseñó que la felicidad se compra; entonces salimos a comprar felicidad todos los fines de semana, volviendo con la sensación de no haber comprado todo lo que andábamos buscando. Es esa sensación de sentir de alguna manera que estoy con situaciones de placer que son generadas desde afuera, y no entender que somos nosotros los que generamos sensaciones gratas; por eso vamos a Casa&Ideas a comprar “calor de hogar”, para que nos combine el plato con la taza y la servilleta, sin entender que el calor sale del alma, y no tiene nada que ver con que me combine el individual con la servilleta. Esa sensación de buscar las cosas afuera, que no soy yo la que me lo propongo, la que me lo proveo, va generando la sensación de cada vez menos confianza en los seres humanos.

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